;cita,1;
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Tus monsergas eran la sal de la vida. Disfrutaba con tus juegos, con tus idas y venidas, con tu espíritu aventurero. Mi corazón inquieto saltaba de alegría con tus pesquisas de juguete envueltas en palabras tiernas.
Las dudas más bellas me florecieron en tus labios cuando intentaba adivinar el porcentaje de verdad con el que me estaban hablando. Me dabas la lata con tus preguntas o por lo menos, eso decías, que eran telepatía de travesuras con respuestas numeradas.
Me dabas la lata con hechizos, a la hora de la luna, con bebedizos de palabras que encendían sin esfuerzo todos mis motores. Me dabas la lata y la vida, de día y de noche, entre sonrisas de niña y sonrojos de pasión.
¡Qué lástima, corazón! ¡Cómo te echo de menos desde que reciclas!
INVOCACIÓN AL AMOR PARA QUE SE SIENTE CONMIGO FRENTE A LA CHIMENEA
Ven conmigo
a este lugar donde el invierno se deshace,
al tiempo en que los troncos se rozan
y, la misma llama que luego todo
lo convertirá en cenizas,
baila juguetona con el aire.No temas al humo, lánzate,
que las ascuas se derritan por tus labios
permitiendo a los sueños incendiarse,
que también el paraíso nos abre sus puertas,
aunque lleguemos tiritando
desde el filo de un desastre.
;cita,1;
He descubierto esta mañana una crisálida en el jardín que, colgando de una brizna de hierba doblada por el peso sobre el hormigón que separa los parterres, parece estar en el acantilado de una costa minúscula que se abre al océano de un charco.
Ahí en el filo, mirando abajo, el mar parece liso, inocuo, blando. El viento se restriega contra la espuma y te la deja respirar para que se llenen tus pulmones de aventura.
No parece tan alto el abismo cuando me revientan en las manos las ganas de volar. No parece tan terrible besar el agua, no te la imaginas tan fría como la que viene de la melancolía de mirar atrás con una lágrima en la mejilla.
El vértigo es juez y testigo de la endeblez de tus piernas cuando las llama el abismo con un eco imperceptible de ondas en azul. No se puede contener la inquietud que late en el pecho, ni las alas que da el deseo, ni la asfixia de la virtud.
Asomado al precipicio, en el borde del acantilado, nada importa saber si es pecado avanzar o cobardía retroceder. Ni si es mejor ganar o perder un equilibrio tan desesperado que sólo puede apoyarse en la imaginación.
Morir mariposa o vivir gusano. Ahora y desde hace un tiempo, aquí y en la crisálida del patio, siempre es la puñetera cuestión.
He mirado por todas partes y no lo encuentro. Debajo del montón de libros que tengo en el escritorio y dentro del lapicero en el que acumulo los clips de colores que nunca uso.
¡Qué rabia no tenerlo a mano! Siempre pasa lo mismo con todo, justo ahora que lo necesito, no doy con él. Ya he mirado también en los cajones y los he puesto patas arriba. Y estaban llenos de bolindres, de papelorios y de pamplinas, que guardo en ellos como un absurdo tesoro. Pero tampoco estaba ahí.
He mirado también en la carpeta Mis documentos, por debajo de la impresora, en la mesilla de noche. He revuelto la cómoda, he abierto el armario y he mirado, de uno en uno, en todos los bolsillos de las camisas y de los pantalones. Nada, aquí tampoco.
A primera vista no se ve encima de la tele ni entre los cojines del sofá, ni en el armarillo de las medicinas, ni en el escurridor. ¿Se habrá caído dentro de la lavadora? No, no creo. Digo yo que eso flota, aunque no lo sé.
Ni en la alacena del chocolate. Bueno, ahí sabía que no estaba, pero no he podido evitar tirar un mordisquito para la ansiedad. Ni en la puerta de las cacerolas, ni en el frigorífico. Ni en los bolsillos, ¡eh, que no soy tonto!, que me he tanteado la ropa y me he mirado las manos. Ni en el pelo, ni en los ojos, ni en la boca. Creo que me voy a dar por vencido. No sé dónde puede estar.
Esto me pasa por desordenado, por este atolondramiento que tengo para las cosas importantes. Y lo peor de no encontrarlo es que ahora me avergüenza la duda y no sé si podrás perdonarme este despiste. ¡Qué rabia! ¿He perdido tu beso o es que, al final, no me lo diste?
¡Con la falta que me haría tenerlo ahora! Para taparme con él la boca y dejar de hablar solo.