Inflexión

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INFLEXIÓN
De todos los allí segados por el tiempo
en los que alguna vez estuve,
ahora ya estoy al otro lado.

Los miro despacio, ausente,
desafiando el salto,
acusando el vacío agudo y pequeño,
el vértigo, este remolino
de haber vivido tan solo
aquello que consigo revivir.

Como el niño sacado a punta de reloj
de la tarde de juego en el parque
que ve, durante un instante,
a través de la ventana,
el pulular de otros niños
que siguen jugando como si él
no hubiera estado nunca,
entiendo lánguidamente
que recordar es hacer recuento
de todo lo que se ha perdido sin remisión.

Soy lo que se me ha ido,
la imprecisa retahíla
de eso que recuerdo que fui
-y que es mentira.

Detrás de las metáforas

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TELÓN DE BOCA
DETRÁS de las metáforas
yace mi corazón apuntalado,
las arterias que sangran suicidios cotidianos,
amargas despedidas sin final de película.

Fotogramas que nunca llegaron a ocupar
la blanca gran pantalla,
decepciones sin Óscar ni esquela en el periódico.

Aquel daguerrotipo que la vida
se negara a mostrarme,
la luna de un espejo
del Callejón del Gato cuando apagan los focos;
la torpe figurante cuya escena
no apareció en los créditos
elige un carboncillo, toma asiento
y se mancha las manos.

(Anabel Caride con sus Nanas para hombres grises)

2016 veces gracias por los días que vendrán

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Tiempo sin escribir

Ningún camino te lleva hacia mi casa, no pasan por aquí las vías de ningún tren. La parada del autobús, sí, está abajo, en una esquina; pero aunque llegases, no subirías.

Los telediarios no me escriben en sus noticias, ningún reportero está esperando en la puerta. Los vecinos no se saben mi nombre y el cartero nunca llama dos veces.

Desde aquí dentro, nunca sorprenderé a la vida espiándome. No tengo más remedio que salir a buscarla. Y de paso, me iré fijando en las rebajas.

El tiempo sin escribir es el tiempo de sentirse vivo, el tiempo de asesinar los silencios y espantar las oscuras golondrinas, no les vaya a dar por contradecirse con Bécquer y volver. El tiempo sin escribir conduce a la esperanza y al desastre, a la cuenta corriente deconstruida, al campo sin puertas y a la ciudad sin orificios.

He elegido vivir y, sin embargo, de tanto en tanto no puedo evitar la tentación de venir a suicidarme aquí, delante de estas letras. Pero no me mato del todo, tranquilos, solo un poco, y al cabo de un rato, vuelvo a salir.

El tiempo sin escribir es el tiempo de estar vivo y en silencio. Este otro silencio poblado de renglones es, solamente, una hoguera en la que quemarme las vanidades y guarecerme durante esos ratos en los que la vida se vuelve doméstica y tú estás ocupada y están cerrados todos los bares.

Alégrate por mí cuando vengan nuevos tiempos sin escribir en los que pueda recomponerme. Porque en cada silencio está el origen de la misma palabra que lo rompe.

2015 en películas (vistas)

Las películas que he visto este año, sobre las que debería haber escrito algo. Aún no lo descarto, pero, por si acaso, las dejo aquí para que no se me olviden:

Futurista, una trama en la que se reflexiona sobre la inteligencia artificial, sus límites y posibilidades, aprovechando las posibilidades del thriller. Me entretuvo, sin más,o no destaca en nada. Se queda muy en la superficie de todo.


Genial, fabulosa, cámara al hombro, los entresijos del teatro y de los actores, la decadencia y la locura, el afecto y la soberbia, la realidad y la ficción. Extraordinario Keaton. No entiendo cómo no le dieron el oscar.

Más mundo teatral, pero en este caso, fuera de los límites de las bambalinas. Una revisión de la biografia y de los principios, a través de la preparación del remake de una existosa obra teatral.


Binoche fantástica, como suele ser habitual, es como un imán, cada vez que está en un plano, es difícil no concentrarse en ella.

No es una película redonda, ni el tema que trata es tan universal como para que interese a todo el mundo. Pero, desde luego, no te deja indiferente.


Después del «Código Da Vinci», Tom Hanks perdió algunos puntos de frescura, que no de profesionalidad. Y creo que en esta película ambientada en la guerra fría, los recupera. Creíble, sin excesos, su actuación nos guía a través de una maniobra delicada de política exterior en tiempos en los que había que andar con pies de plomo en las relaciones internacionales (¿y cuando no?). Entretenida, basada en la historia real de un espía capturado, con el suspense justo y una gran dosis de humanidad en su personaje. El resto del reparto cumple bien. Muy buena la escena del puente.


 Tierna, inocente, juvenil y llena de energía. Así es la relación que se establece entre las dos protagonistas de la historia. Las hijas anteriores de una pareja que empieza a salir, se conocen, se ayudan, se estorban y comparten acontecimientos e ilusiones propios de sus edades. Muy fresca, sin espacio para la amargura, retrato de una edad (norteamericana).

Pero algo le falta, no termina de llegarme. Como si fuera un cuento del canal Disney. Aún así, muy recomendable.


 Ciencia ficción con mayúsculas. Un espectáculo visual sobre una base filosófica y científica un tanto especulativa. Visualmente, fantástica. El hilo del argumento tiene sus huecos, que quizá están ahí para permitir que el espectador ponga la parte que le corresponde en la historia. Muy muy buena, sobre todo si te gusta el género.

 


Esta película ya la había visto otras veces. Supervivencia, un llanero solitario, un robinson crusoe, un minero atrapado por un derrumbe, un avión que cae en una montaña y deja un superviviente… A pesar de lo cual el suspense se mantiene en todo momento, los planos son precisos (me gustaría saber dónde está rodada, el paisaje es desolador y hermosísimo), la historia discurre con sus correspondientes vicisitudes perfectamente intercaladas en el metraje. Muy bien hecha, muy entretenida, muy bien resuelta.

Una elección segura. Gustará a todo el mundo, aunque no creo que apasione a nadie.


 Repetición de la primera de la saga de Parque Jurásico, pero con mejores efectos especiales. Suspense y aventura a raudales. Buena peli, sí, pero no era necesaria. No es mejor que la película que copia.


Deliciosa, al estilo semidocumental de Modern Family, los problemas cotidianos de unos chicos que comparten piso en Nueva Zelanda. Claro que, además de compartir piso, son vampiros. Y eso produce situaciones muy divertidas, tratadas con un puntito irónico que te hace mantener una sonrisa en la boca durante toda la peli. Original y delirante, pero, al mismo tiempo, tierna y casi inocente.


Brutal, pero descarnadamente bella. Notas el frío, te salpica la sangre, temes que te dé una flecha… Te dan ganas de buscar una escopeta o algo y apuntarle al oso… Va a arrasar en los Oscar. Al de Leonardo DiCaprio, ya le pueden ir grabando el nombre, no se lo quita nadie.

Iñarritu, con esta peli, Birdman, Biutiful, 21 gramos… Hay que ver todo lo que haga este hombre. Me encanta…

Dos mil quince

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Dos mil quince
Te lo dije. O eso creo recordar. ¿Sabes? La memoria tiene fallos imperdonables. Uno olvida cosas que no quisiera haber olvidado y, sin embargo, recuerda obsesivamente todo aquello que es necesario olvidar para seguir adelante. ¿Qué haría yo si no tuviera tu certidumbre?
Y yo te dije que se podía parar el mundo, una hora, un minuto, un segundo, pero detenerlo, hacer que dejen de sonar los engranajes que lo mueven, conseguir no pensar en nada salvo en el momento que se vive.

Todo era imposible, ¿recuerdas? Todo lo que ya parece cotidiano, lo que ahora se supone que no consigue levantar polvo ni dejar huella en los calendarios, entonces fue imposible. Quiero creer, después de tanto nuevo y tan torpemente aprendido, que imposible sólo es una edad para los sucesos, como una infancia lejana y perdida, que a veces se añora con un regusto dulce en los labios.

Prometo no sacudir el polvo de las alas de la mariposa que me hicieron volar, no arruinar con calor desmedido los copos de nieve, no alimentar la podredumbre con todo lo que durante tanto tiempo decoró nuestros sueños.

Benditos sean para siempre los restos de los naufragios, las sábanas revueltas, los platos sucios. Bendita sea la ceniza porque por ella sabemos que hubo fuego. Bendito sea este aroma tenue y escurridizo con el que la felicidad se despide hasta su siguiente capítulo.

Te lo dije. Por muchos sueños que haya que ir abandonando, siempre quedan otros nuevos, sin estrenar, tan imposibles, ahí, al lado, como pompas de jabón que se estremecen con el viento, deseando romperse en la punta de nuestros dedos.

Y por eso no puedo aguantarme las ganas de volvértelo a decir: Todo va a salir bien, todo va a salirnos bien. No sirve para nada pensar lo contrario.
Déjame agradecerte la parte de mi felicidad que te pertenece. Anímame a esperar nuevos imposibles.

Te deseo feliz año nuevo. O, en su defecto, que puedas, que quieras, contar conmigo.

La envidia en los dedos

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REGRESO

Íbamos en el coche con un silencio relativo, de esos silencios que aguardan expectantes a que asome un secreto por algún sitio. Fueron pasando la lluvia y los kilómetros por la noche desapacible, salpicando el retorno con semáforos desconectados y baches imprevistos.

Pero no hubo ruido, sólo una luz azulada que destellaba en un bolsillo. Por el movimiento que percibí y la luz fantasmagórica que vino después, supe que había abierto el móvil. Leyó, escribió algo con el dedo gordo, lo cerró guardándolo en el bolsillo con un sólo movimiento y ladeó brevemente su rostro hacia mí. Estaba sonriendo.

-¿Todo bien?-, le pregunté, pero, para esconder mejor su secreto, sonrió más fuerte y giró la cabeza hacia la ventanilla. Una sonrisa refulgente, de esas que se transmiten en el vacío a la misma velocidad que la luz.

No pude evitar sonreír yo también. Después seguimos el trayecto en un silencio lleno de pensamientos, de esos silencios que acaban de desenrollar el mapa de un tesoro y no quieren que se extinga el eco. Y nos perdimos uno del otro, cada uno rumiando su propio secreto.

Al llegar al destino, él subió deprisa, como siempre, y yo, como siempre también, me entretuve con el humo y sus pensamientos. Entonces empezó a sonar una música que borboteaba con más fuerza que la lluvia sobre el patio.

Apagando el cigarro y mientras subía las escaleras, iba pensando en lo bien que suena el amor al piano. Todavía me dura la envidia en los dedos.