Enamoradol

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ENAMORADOL (desoxitristasona 50% y ácido alegreico 50%) es un corticoide de alta potencia, de acción antiflogística y vitaminizante, que se usa para tratamientos largos de interacción personal.

COMPOSICIÓN:

Un gramo de ENAMORADOL contiene 2,5mg de desoxitristasona disuelta en ácido alegreíco, miristato de isopropilo léntico, crema anhidro en emulsión oleacuosa y excipiente aromático hidratante. También incluye un cóctel hormonal específico de dopamina, oxitocina, adrenalina y ferormonas varias.

POSOLOGÍA:

Sólo debe administrarse por indicación médica estricta.

Al comenzar el tratamiento, debe extenderse una capa delgada de pomada sobre los órganos sensibles: labios, lengua, oídos, manos, pechos y muslos, dos o tres veces al día.

Para lograr una mayor penetración del medicamento, se frota suavemente mientras se conversa sobre temas trascendentes.

Una vez terminado el tratamiento de choque, los temas pueden derivar a otros más superficiales, aunque es imprescindible seguir frotando.

CONTRAINDICACIONES:

Hipersensibilidad a los componentes, secundariedad de carácter, negación de los impulsos instintivos, infecciones morales o dermatitis por ausencia.

PRECAUCIONES:

Todas son pocas. Nadie debe ni siquiera sospechar que se está usando tópicamente el medicamento. Debe untarse en un ambiente controlado, a salvo de miradas indiscretas que metabolicen incorrectamente los principios activos que contiene. Preferentemente a la sombra, aunque si la oocasión lo permite, el sol de primavera reactiva la desoxitristasona y produce efectos más placenteros.

INCOMPATIBILIDADES E INTERACCIONES:

No se han descrito, aunque está en estudio la posibilidad de que el ácido alegreíco se vea emulsionado por estados civiles o presiones sociales, derivando su acción en ráfagas etílicas de consecuencias imprevisibles.

EFECTOS SECUNDARIOS:

Los pacientes críticos y de largo tratamiento, pasan por fases sincrónicas y alternas de alegría y tristeza como resultado de contagio. Pueden aparecer síntomas de hipersensibilidad y quejas, humedades incontroladas endiferentes zonas del cuerpo, estados de ánimo cambiantes y flujos sanguíneos aferentes.

En unión a épocas de calor, deben evitarse las ropas oclusivas que pueden provocar pérdidas innecesarias de tiempo y lío de botones.

INTOXICACIÓN Y TRATAMIENTO:

Debido a la baja toxicidad del medicamento, el ENAMORADOL no produce intoxicaciones, si bien pueden manifestarse cuadros de taquicardia, roces en la carrocería, elevaciones de la tensión arterial y de otras partes del cuerpo y extrañeza de piel. En esos casos, el tratamiento es simple: aumentar la dosis hasta el máximo posible y mantenerlo durante el tiempo necesario hasta que pasen los efectos indeseados.

MANTENER LOS MEDICAMENTOS FUERA DEL ALCANCE DE LOS NIÑOS

Espacio

Algunos poemas
requieren espacio
alrededor de las palabras,
para que no se intoxiquen
unas a otras
de significados venideros.

El espacio es entonces
la base vital, el centro del poema
y, al mismo tiempo,
toda su amplitud.

Así entiendo yo la distancia
y su fascinante esplendor.

Pero entiende tú
que hay otros versos
que se mueren de espacio,
cuyas palabras prefieren juntarse
sin dejar resquicio para el papel,
hasta hacerse ilegibles para sí mismas
y vibrar colectivas en su tinta,
exclusivamente,
al ritmo
de una respiración entrecortada,
de algún orgasmo,
o de la siguiente asfixia.

Así entiendo el amor.

Imaginar los sitios posibles

Imaginar los sitios posibles donde estabas…

…en un rincón del año…

    Supongo que también te dejarán a ti
    este mismo vacío,
    esta impaciencia por estar sin nadie
    mientras se nos olvida
    todo el calor que duele de olvidado.

    El naufragio es un don afín al hombre.

    Después de que sucede
    suelen tener las huellas
    esa incomodidad que tienen las mentiras,
    el recuerdo es un dogma,
    la soledad el pecho que tú me acariciaste.

    Pero cambiando de conversación
    el tiempo -buen amigo
    que deforma el pasado como el amor a un cuerpo-
    hará que cada día no parezca un disparo,
    que volvamos a vernos una tarde cualquiera,
    en un rincón del año y sin sentir
    demasiada impotencia.

    Será seguramente
    como volver a estar,
    como vivir de nuevo en una edad difícil
    o emborracharnos juntos
    para pasar a solas la resaca.

    Igual que quemaduras debajo de los dedos,
    en un segundo plano
    seguiremos presentes y esperando
    ese momento exacto del náufrago en la orilla,
    cuando al salir del mar
    me escribas en la arena:
    «Sé que el amor existe,
    pero no sé dónde lo aprendí».

    (Luís García Montero)

Corazón de madera

El cerezo está seco, lleno aún de hojas tristes y arrugadas que no terminan de caerse, como amigos que acompañan en un velatorio.

Yo estaba, sin embargo, sorprendido de cómo enciende el sol de la mañana al limonero, verde, grande, lleno de vida ácida. Su luz me pareció siempre deslumbrante, su color el de la primavera continua.

Y por entre el humo, esta mañana, ha pasado un revoloteo que se ha posado en una ramita limpia del cerezo moribundo. Con su pico rojo, su pecho amarillo y una franja verde en el cuerpecillo, un periquito estrenando libertad se ha quedado mirando el mundo desde la ruina.

¡Qué extrañezas consecutivas! La del cerezo por tener ramas habitadas, la del pájaro por no encontrar los barrotes de alguna jaula en su horizonte. Un guiño del azar o un tributo último a la belleza de la vida.

Se notaba enseguida que no estaban hechos el uno para el otro. Pero el cerezo se ha dejado querer por el pájaro, como sabiendo que los milagros sólo duran lo que uno tarda en darse cuenta de que lo son.

Yo sé que todos los días son importantes, que el calendario está lleno de trampas para la memoria, que quien sabe si otro día como hoy de alguna historia, no hubo otro pájaro hermoso posado en un árbol cansado y nervioso de tener, por una vez, tanto color sobre sus ramas.

Pero el periquito ha dicho adiós, como todos los pájaros hermosos que en el mundo han sido, ha saltado a otro árbol más joven, más decidido y más fuerte. Los pájaros, al fin y al cabo, están hechos para volar por el cielo y elegir su sitio en tierra.

Estoy seguro que el cerezo sonríe esta mañana y que guardará esta hoja del calendario en un corazón de madera como ese en el que yo guardo mis pájaros, mis fechas y todas las hojas secas que me recuerdan el brillo de aquellos ojos que una vez, un instante, las miraron muy de cerca.

No. El cerezo ahora ya no está seco.