Desde que empecé a ser niño, desde que no podía ser otra cosa que niño, mis años empiezan en septiembre y acaban en junio. Y julio y agosto son extraños pasadizos del tiempo, dos dunas contiguas del mismo desierto en el que me quedo perdido. Sin embargo, no consigo evadirme de esta manía recopilatoria que … Sigue leyendo Las horas corrientes
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